Convirtiéndonos al phenomenismo

Salas de cine en Barcelona

 

Ya hablaba hace un tiempo de como Phenomena Experience ha cambiado para muchos el modo de ver cine en Barcelona (y en Madrid en algunas ocasiones), recuperando la manera en que se disfrutaban las películas antes, cuando ir al cine constituía una ocasión especial.

 

El fenómeno creado por Nacho Cerdá se ha ido haciendo mayor, conquistando el corazón de cada vez más aficionados (y no solo los que ya tenemos una edad y ya habíamos visto muchos de los títulos proyectados en nuestra infancia). El cénit de todo este proceso iniciado hace más de 4 años llegó hace unos meses, con la inauguración de un cine propio en la calle Sant Antoni Maria Claret, hecho que ha acentuado aun más si cabe lo que yo llamo el Phenomenismo. Se trata de un fenómeno (nunca mejor dicho) por el cuál los habituales de este cine hemos ido fanatizándonos hasta el punto de que los otros cines de Barcelona nos parecen indignos, y preferimos ir al templo que Nacho Cerdà y su equipo han construido, y en el que nos sentimos como en casa. No miento si digo que muchas caras ya me son conocidas de entre los asistentes a las sesiones de Phenomena. En estos 4 años son ya unos cuantas los las veces que he ido a alguno de sus pases, y desde que se han trasladado a su sede definitiva (después de una travesía por el desierto a lo «Los 10 Mandamientos»), rara es la semana que no voy.

 

Hablando con amigos y compañeros de afición cinéfila, muchos de los cuales son devotos del phenomenismo como yo, me doy cuenta de que preferimos ir allí aun sabiendo que la película que proyectan ya la hemos visto millones de veces, aun sabiendo que no hay día del espectador, aun sabiendo que no es un multisalas y que hay que lo que hacen aquel día… Aun así, preferimos ir a esta catedral del cinéfilo, un lugar en el que los phenomenos nos reunimos para degustar las joyas que nuestro profeta nos va a ofrecer. Y cuál predicador televisivo norteamericano, antes de cada sesión aparece Nacho Cerdá en escena, para dedicarnos unas palabras (anécdotas de la película que vamos a ver, adelantos de futuras sesiones…) a las que respondemos con una atronadora ovación (y alguna que otra petición de trilogía clásica de Star Wars, que siempre cae). Resulta muy curioso comprobar la comunión que se produce entre el público, quizás por la similitud de edad de la mayoría (poco a poco han ido apareciendo nuevos adeptos al phenomenismo, alguno de los cuales han caído en sus garras gracias a mi insistencia, pero la base es la de los nacidos en los 70 y 80). El phenomeno, nombre que adoptamos los habituales (tenemos incluso un grupo en Whatsapp llamado así para organizar quedadas con unos amigos), no duda en ensalzar las bondades de todo este movimiento, intentando adoctrinar a sus amistades y convertirlos a la causa. Eva puede dar fe de ello. 😉

 

Hablaba el otro día con una amiga antes de empezar Mad Max Fury Road, y me contaba que prácticamente vive allí, ya que acostumbra a ir tres veces por semana, cosa que ya he leído en unos cuantos aficionados más. Voy a mantener su identidad en el anonimato, pues no todos quieren reconocer su adicción a Phenomena como yo si hago, por lo que la llamaremos señorita X. Ese día por cierto, repetíamos los dos pase de Mad Max, una sesión que demuestra por qué Phenomena engancha, pues no fuimos los únicos en ir allí a ver más de una vez la nueva obra de George Miller.Y es que el espectáculo visual (14 metros de pantallón), pero sobretodo sonoro, con el cine retumbando en las escenas más espectaculares de la peli (Ojo, que la gente ya aplaudió la fanfarria de Dolby Atmos que la precedió, seguramente imaginando la que se nos venía encima), dan una buena muestra de por qué muchos consideramos que es el mejor cine de Barcelona. Basta mirar cada una de sus publicaciones en Facebook (red social que constituye el punto de encuentro mayoritario de los phenomenos), para darse cuenta de la legión de seguidores que arrastra este maravilloso proyecto que ha llenado salas con 2000 espectadores, y que ahora, en su ubicación definitiva, consigue que sus 400 butacas se queden pequeñas en muchas ocasiones.

Las razones, fanatismo aparte, son muchas: Calidad de imagen y sonido apabullantes, como decía antes, eligiendo siempre que sea posible el formato analógico, y por supuesto, en versión original. Basta el ejemplo de Interestellar, proyectada en una versión de 70 mm inédita en nuestro país, y que llenó sus 5 sesiones (no es de extrañar, escenas como la del acoplamiento ya forma parte de mi olimpo personal de experiencias cinematográficas). O detalles como que en Mad Max 2 el doble telón no se abriese completamente hasta que no acabaron las escenas que simulan un documental televisivo, adaptándose así al formato 4:3 en que se emitían estas primeras imágenes, son el tipo de frikadas las que nos vuelven locos, y nos convierten el talibanes phenomeniles.

En pocas semanas repetiremos experiencia galáctica con otra odisea espacial que promete transportarnos a muchos años luz de la Tierra como es 2001, ocasión para la que se ha creado una copia especial en 70 mm y que va a venir acompañada de una master class de Jan Harlan, productor de algunas de las películas de Stanley Kubrick.

Y para el próximo mes de Julio, otro estreno de relumbrón como es Jurassic World. Un hecho no habitual en Phenomena, donde lo normal es ver clásicos de los 60-70-80-90, y hace estremecerme al pensar que puede ser un adelanto de algo grande, muy grande, que puede llegar a finales de año. Ya siento una perturbación en la fuerza solo de imaginarlo…